domingo, 13 de diciembre de 2015

Viste sólo ropa interior, tiene sus codos puestos sobre las rodillas, de repente sus manos se detienen sobre su cabello, lo suelta, juega con él, su mirada viaja vagabunda de las letras regadas en la pared a sus tobillos.
Se detiene mirándolos con obstinación antes de lanzar el cuerpo hacia atrás, dejando la cabeza y los hombros pendiendo de la orilla de la cama, como si colgara de un trapecio.
En ocasiones una cama puede ser tan peligrosa como un trapecio, en el reproductor Pablo Milanés afirma que "todavía quedan restos de humedad". Su cabeza colgando como un badajo de campana y mira por la ventana los barruntos de tormenta.
Muy similares a los que se deslizan por sus pensamientos en la orilla de su trapecio comprende que ha perdido su hora de volar como si su cuerpo se resistiera a la idea, sus brazos se extienden y pseudo alas le permiten alejarse del momento, dejar de pensar, lanzarse a un trapecio donde nadie puede sostenerla.
En la ventana se dibujan gotas de lluvia, la música sigue sonando, su mente ha dejado de pensar y vuela libre.
El encanto ha dado frutos, sus móviles brazos son ahora alas y su femenino cuerpo ha metamorfoseado en ave, el único rasgo casi humano se conserva en la chispa de la mirada intensa, viva, valiente.
La casa ha desaparecido y abandona el trapecio sin esperar sostén pues los músculos de su pecho y su recién estrenado plumaje le permite no sentir miedo y extendiendo las alas se aleja en busca de otro sueño.


Puede uno avanzar sin llevarse a su paso todo lo que se ha conocido hasta ahora ¿Es posible caminar sin que el polvo, la pátina del recuerdo se meta en cada uno de los poros de la piel? ¿Quiénes somos? ¿Recuerdos cargados de ayer, promesas de un mañana, sombras de un presente? La lluvia purifica lo que diluye.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Azul invierno


Nuevas imágenes, colores desorbitados, sensaciones desesperadas y desesperantes, un cielo con luces con más vida que la humana, infinitas en la memoria. Un horizonte, una cama ¿desierta?, sábanas que languidecen despojadas, cerca de la ventana, un sencillo florero, un cigarrillo y una mano, memoria e imaginería mezclándose, deseándose y desaprobándose cada vez que coinciden.
La noche como compañera, amante escandalosa con sus sirenas y resuellos, enamorada de los cuerpos más que de las almas, sexo y diversión, sexo sin pasión, erotismo mentiroso que golpea aunque no lo percibas, aunque no lo pretendas, aunque trates de olvidarlo, texturas, roces, sabores, aromas, colores, golpes de placer que se centran en tu cerebro volviéndote uno con el universo.
El frío clava sus agudas uñas azules sobre la base de su cuello, cincela con maestría sus omóplatos, se cierne en su cintura y pule sus caderas desnudas, desea creer que el cuerpo entre las sábanas logró cavar más hondo que los dedos experimentados de aquél que se interna por la ventana, pero no es así, es más fácil arrancar palmo a palmo la piel que liberar de su botella al genio del alma, al esclavo de sus cadenas, al cobarde de su miedo.
Pero no fuiste tú la mano que despojó a la botella de su tapón, ni la llave que liberó al esclavo de sus cadenas, tampoco me insuflaste valentía, tu tacto no fue hostil a mi piel, pero mi cuerpo no se convirtió en tu territorio, tu sabor dejó en mis labios un gusto a tabaco y a whisky que mañana enmarcarán una resaca no real, no mental, no moral, ni espiritual, táctil. Todo tú convertido en humo gris y vaho etílico.
No es que imaginara que te cristalizarías en todo mi mundo, no después de mirarme en tus ojos, no después de los primeros avances y definitivamente no después de compartirnos, aunque partirnos pareció mejor idea que unirnos. Sí hubieras sido el indicado, no para la vida: no me ilusiono, para esta noche, Morfeo no me habría rehuido esta duermevela, pero se marchó en busca de otros sueños que realizar y otras pesadillas que ejecutar.

Sin embargo duermes, ¿descansas o sientes la ansiedad que provoca la congoja?, tu cuerpo exánime parece despojado de toda contrariedad, quisiera robarte el hálito que te habita, si lo tuviera serías mío, entrarías en cada uno de los poros de mi piel estallándolos, posesión doble, goce finito que nos haría perennes, dedos que se posan en el cristal sin quebrantarlo.

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A veces un cigarro es sólo un cigarro...

Mientras preparaba todos los papeles, ella reparó en que se encontraba justo en la esquina de la oficina de él, la bruma rodeaba toda la calle y la lluvia dibujaba un halo alrededor de las farolas. Sobre el mostrador una cajetilla de cigarros, en su mano el celular.
El teléfono sonó, él supo que era ella.
-¡Hola señorita "dos semanas"!.
La voz femenina no contestó a su saludo y sólo preguntó. -¿Estás en tu oficina? porque estoy en la esquina, ¿tienes tiempo para fumarte un cigarro conmigo?.
-Voy para allá. Fue la contestación antes de colgar.
Pasaron más minutos de lo que llevaría cerrar una puerta, bajar una escalera y dar unos cuantos pasos, unos minutos que la apremiaron a tomar un cigarro y encenderlo, añadiéndolo a la cuenta por pagar.
Lo vio cruzar la calle y decirle.
-Dos semanas...
Ella aspiró el humo de su cigarro y después de sonreír le respondió- -Un suspiro.
-Cuéntamelo todo...
-No hay tiempo, sólo tengo hasta que se termine. Dijo señalando con la mirada el cigarro moribundo.
Sin decir nada se lo quitó de la mano para encender el suyo.
-Entonces hagamos que dure.
Mencionaron datos, hicieron comentarios, dieron un apresurado reporte de sus respectivas vidas y tuvieron la certeza de lo mucho que han cambiado.
-Estuve en "tu ciudad" y me acordé de ti.
-¿Mi ciudad?
-Bueno, la última que visitaste.
- Es una buena ciudad para recordarme.
- Recordarte me ayuda a reconocerte, te tengo enfrente y no te reconozco, sonríes y...
Ella lo interrumpió. -Lo siento, se acabó el cigarro, tengo que irme.
- ¿Necesitas taxi? - Era una pregunta, pero sonó como afirmación.
- Sí gracias.
La lluvia se tornó menos delicada, se besaron en la mejilla, se abrazaron, a punto de separarse él la estrechó nuevamente diciendo, -Estoy feliz por ti. La vio cruzar entre los autos y tal vez temiendo que no llegara al que la esperaba, gritó: -Ten cuidado, no sea que por un accidente arruines tus planes.
-Ni siquiera lo pienses- Gritó ella triunfante en la acera de enfrente, abrió la puerta del auto y antes de subir, sonrió nuevamente y dijo. -Dos semanas, ciao.
Ella partió en el taxi y él aspiró nuevamente el humo del tabaco, no se había consumido. Ella ya no estaba, dejó caer el cigarro en la acera y lo aplastó con el pie, la calle lluviosa y vacía parecía mirarlo. Le dio la espalda y regresó a su oficina vacía.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Presentimiento
                                                                                                                                                         “Cuando llueve tanto es que alguien
se va a ir para siempre…”
Antonio Muñoz Molina

Desde hace unos días comprendo que el mundo de arriba y el de abajo mantienen mala comunicación, las lluvias que caen atronadoras, con viento y fuerza, han logrado minar la buena estructura y el material del que la gente normal está construida, dejando salir sus sentimientos y sus miedos.
            Hace mucho que no experimentaba miedos infantiles: la oscuridad, la lluvia fuerte, “el coco”. El torrente de agua se ha convertido en mí en torrente lacrimal, lloro, me preocupo y temo como si fuera un chiquillo…




viernes, 31 de octubre de 2014

Ella


Quiso admirar su belleza precisamente en aquellas cosas que no podían reflejarla, dudó de la vida, de la muerte y de la permanencia y quiso demostrar que podía ser perpetua; por eso aceptó sus labios y los colmillos posteriores, por eso aceptó su casi animal pasión, vivió para la muerte y muere para la vida todos los días desde entonces, su matrimonio de sangre no duró una eternidad, vaga pensando que los tiempos son diferentes, que si cruzase la puerta, cubierta por pesados cortinajes, pudiese encontrar alguien al que ofrecerle su amor mezcla de demonio y ángel, su pasión de inocencia y sangre, su miedo y su voz.

            Pero nadie se digna escucharla pues sus reclamos quedan siempre encerrados en su ataúd, acaso porque teme salir del misterio de la imaginación y las pesadillas.


lunes, 29 de agosto de 2011

La mezcla justa


    • Dijo “ Los recuerdos son como una taza de té envenenado” y justo después de eso pidió una copa más. Llevaba mucho tiempo sentado en el rincón de la barra de ese bar, no había hecho comentario alguno para hacerse notar, no le interesaba, prefería ser simplemente uno más de los que paga por su amnesia.
      Amnesia en una botella, qué lástima que a fuerza de servirla yo no haya podido olvidar, porque aprendí desde el inicio que no era para siempre y el olvido que yo requiero es el definitivo, uno que me lleve a tener la memoria como de un recién nacido.
      Aprender a fuerza de desaprender, esa es la premisa que aplico todas las noches, me entrego a una taza de té y permito que lo sucedido durante el día, y especialmente, durante la noche: las confesiones, los reclamos que no van hacia mí, los llantos aparentemente infundados, pero que se encuentran arraigados en cada célula, incluso las desconocidas para su dueño, salgan de mi cuerpo y mi memoria depurándolos.
      Encender la tetera, poner en su interior la mezcla justa y preparar una bebida en la que cada trago me recuerde a mí y por ende a ti, porque no puedo existir a 5 centímetros de tu recuerdo, a dos tragos de la primera memoria.
      Te sientas en el sillón que se encuentra vacío desde tu partida y simplemente comienzo a narrar mi día-noche, no soy tan bueno como los autores de los libros que devorabas, (desde un principio supe que ellos terminarían por separarnos) pero hablo.
      Recito sin orden aparente mi desconcierto hacia el joven que sentía arruinado todo su futuro por el trabajo que no había conseguido, y el padre de familia que presa del resentimiento se sentaba religiosamente al salir de la oficina, como único reclamo válido para la esposa y los hijos que siempre encontraban una forma filial de explotarlo.
      ¡Fraudes! ¡Puros fraudes! El suyo era un trabajo en el que la apariencia y la mentira eran un arte en especial en lo que a él respectaba, era el protagonista, el mentiroso principal, que con una sonrisa recibía a todos, los escuchaba atento y en cada idea que aventuraba un juicio, realmente se estaba declarando culpable.
      La tercera taza de té y el humo de un cigarro que se asemeja a una mano que se despide, movimientos precisos de bienvenida a la soledad. Justo el momento preciso en el que el humo recrea tu silueta, aunque en esta ocasión no se pierde escribiendo, espalda a la ventana, con la luz de la ciudad iluminando tus pupilas.
      Esta vez nos encontramos de frente, como no lo estuvimos la última, ¿sabes a cuándo me refiero? Sí, justo el día en que hiciste las maletas, llenas más de palabras que de ropa, el día que me abandonaste.
      Cuando tu imagen viene en las madrugadas a visitarme, tienes el buen tino de no parecer feliz, pero en tu sonrisa velada adivino y los celos, y por qué no decirlo, el rencor, se mezclan con cada fibra de mi organismo.
      Una voz pastosa, casi inarticulada vuelve a repetir su inocente letanía: “Los recuerdos son como una taza de té envenenado”, asiento y simplemente vuelvo a llenar su copa.